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 Los chicos también son como las rosas.

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Ceci StyLe
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MensajeTema: Re: Los chicos también son como las rosas.   Jue Mar 11, 2010 12:07 pm

Duoo, continua quiero saber que pasa, date un tiempo duo porfa : D

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♥Hiroki
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MensajeTema: Re: Los chicos también son como las rosas.   Jue Mar 11, 2010 3:48 pm

gracias por comentar *-*
ya tengo el prox capi X3, mañana lo publico (:

Si duo♥ prontito publico el beso Very Happy
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Ceci StyLe
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MensajeTema: Re: Los chicos también son como las rosas.   Lun Mar 15, 2010 7:18 pm

Duoooooooooooooo esperare el capitulo quiero saber que sucede, quien la besa.

Por cierto Duo tienes que leer en la seccion "BANDA" ahi esta publicada la entrevista que le hicieron a KIRO la ultima, lee la duo que se q te va a gustar.

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3lita



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MensajeTema: Re: Los chicos también son como las rosas.   Vie Mar 19, 2010 12:20 pm

tuy cap me encantó!!!
Esas tipas están demás!!!
Se pasaron con la humillación a GGrenda!`
primero delante de Mike y después delante de toos!!

Pero ya kiero saber por qué se callaron de golpe!!!
Postea pronto ps... tú dijist k ya tenías el cap!!
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♥Hiroki
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MensajeTema: Re: Los chicos también son como las rosas.   Sáb Abr 24, 2010 1:13 pm

Ay! mis lectoras mil disculpas T_T si, tenía el cap hace mucho tiempo, es mi culpa lo sé lo sé. Eh aquí el tan raro capi, espero les guste mucho Very Happy

EL… BESO

Todas las risas cesaron en un segundo.

- Te has mojado.

Me quede extremadamente quieta, al oír su voz, su suave y ansiada voz. Sentí que el corazón me dejo de latir y que el rostro me empezaba quemar de la pena.

Lentamente me volví hacia esa voz que se hallaba a mi lado derecho.

Era él, estaba de pie junto a mí nuevamente, mirándome con aquellos ojos, pero sin esa sonrisa. Mi mano aun seguía pegada a mi húmedo parpado derecho, por lo que no pude apreciarlo del todo.

Muy despacio, quité mi mano y lo vi con más nitidez. Al verlo tan cerca a mí, me sentí feliz, pero recordé en la situación en la que estaba, y con ello, el ardor de mi rostro. Bajé la mirada en el acto.

- ¿Tienes un pañuelo?

Parpadeé y mirando al suelo negué con la cabeza, a la pregunta de Kiro.

- ¿Qué? No tienes ni dinero para comprarte un pañuelo. ¡Dios, qué vergüenza! –dijo Yummy riendo, junto a las risas de fondo, de sus amigas.

Alcé la mirada hacia el trío que se divertía, y luego la dirigí a Kiro, que no me miraba, pues estaba ocupado fulminando con la mirada a Yummy. Kiro sintió que lo miraba y se volvió a mí, cosa que me hizo desviar la mirada al instante.

Con la mirada perdida, veía la gente a mi alrededor, muy silenciosa, hasta que vi que empezaban a abrir ampliamente los ojos, como cayendo en estado de estupor. No entendía el por qué de sus miradas hasta que sentí que algo tocó mi mentón.

Me desconcerté por unos segundos, hasta que dirigí la mirada hacia Kiro. Él, me levanto el mentón con su dedo índice de la mano izquierda y con el pañuelo –no supe de donde lo saco- de su mano derecha empezó a limpiarme, muy delicadamente, el rostro.

No pude evitar tener el rostro infinitamente rojo. Primero estuve avergonzada, luego… no sabía cómo describir como me sentía. Kiro nuevamente estaba ahí para mí. Su rostro otra vez a escasos centímetros del mío; su cabello jugaba al compás del viento, su aliento se perdía en el mismo, y su mirada, en cada punto de mi rostro el cual poco a poco iba secando.

- Uhm… que bienvenida tan insólita.

Cuando Madeleine dijo eso, me volví a ella en el acto, olvidándome de la escena. Ella estaba detrás y a la izquierda de Kiro, mirando a aquellas 3 tipas que nos miraban –Kiro y a mí- al igual que los demás, estupefactas.

La rubia, pelirroja y morena se volvieron a Madeleine, y dieron unos pasos entusiasmados hacia ella.

- ¡Bienvenida Madeleine! ¡Te ves hermosa hoy! –empezó Yummy con la barata adulación.

Las otras dos tipas la siguieron
.
Recordé a Kiro, cuando quitó su curvado dedo índice, de mi mentón. Me volví a él y soltó una pequeña sonrisa, que me hizo morir de amor sin que él se diese cuenta.

Los dedos de su mano izquierda, recorrieron dócilmente todo mi brazo derecho, hasta llegar a mi mano. La tomó muy suavemente y la alzó, mientras su mano derecha dobló el pañuelo, y lo colocó sobre mi mano extendida.

Los largos segundos en los que ambas manos suyas, sostenían la mía, hicieron que mi corazón latiera tan fuerte, que por un segundo creí escuchar aquellos latidos.

- Muchas gracias…

Agradeció Madeleine con una gran sonrisa, llevándose mi atención nuevamente, mientras que Kiro liberó mi mano. Madeleine Dio unos largos pasos, haciendo que el trío retrocediera, hasta que las tres no pudieron retroceder más, de lo contrario caerían al agua.
Madeleine se detuvo.

- Quisiera agradecerles de forma especial –volvió a sonreír

Aquella bella modelo, miró por unos largos segundos a ese trío desconcertado. Madeleine alzó las manos muy despacio, hasta la altura de la cintura de la morena y pelirroja, y con un leve toque al abdomen de ambas, hizo que perdieran el equilibrio y aterrizaran en aquella piscina.

Tanto todos los espectadores –incluyéndome- como la siguiente víctima, nos quedamos atónitos.

Yummy yacía absorta frente a Madeleine, la que le sonrió y con otro leve toque en su abdomen, concluyó su acto.

Yummy, Sunny y Funny, golpeaban el agua mientras trataban de respirar, se movían y gritaban cual si fueran a ahogarse, pero si se quedaban quietas, se hubiesen dado cuenta que son tan patéticas en el agua que en la escuela, pues la profundidad de la piscina apenas podía hacer que el agua les llegase a la zona clavicular.

Mis ojos seguían pasmados, hasta que vi sin mirar a Madeleine, que se volvía a mí. De inmediato dirigí la mirada hacia ella, que estaba sonriéndome. No sabía cómo reaccionar a su sonrisa, por lo que torcí el gesto tratando de sonreír también, pero no resultó.

Madeleine camino hacia mí, cosa que al instante, me puso nerviosa.

- Hola –me dijo aun con aquella sonrisa, y con una cálida mirada que sus azules ojos expresaban.
- Ho… la –respondí completamente idiota aun, por todo lo sucedido.


Era la alcoba de una princesa, de una verdadera princesa.

Tenía los ojos perdidos en las paredes, en los cuadros, en las esculturas… era el lugar más bello que vi. Era muy grande, tal vez 5 veces el tamaño de mi casa entera, las paredes infinitamente blancas, hacían que por momentos creyera que estaba en un sueño.

- Pediré que preparen el Jacuzzi –dijo Madeleine, haciendo que aterrizara en este mundo.
- ¡No! no, no es necesario –respondí por estímulo
Madeleine me soltó una bella sonrisa.
- ¿Solo bañera?
- Mejor –respondí sonriendo, pues ella supo que me sentiría mejor con ello.
- De acuerdo. –respondió sin dejar de sonreír.


Me demoré 30 minutos en aquella “bañera” –usualmente me demoro 10- pero me fue tan complicado saber que usar para bañarme como una mortal cualquiera, en ese baño de otro planeta. Había miles de cremas, jabones, frascos de vidrio, polvos, y un etc. de cosas innecesarias en ese inmenso tocador de baño, que creo que al final me eché pasta de dientes al cabello.

Olía bien y hacia espuma, el frasco tenía letras en otro idioma por lo que no sabía que era, pero no me importó y lo use por último recurso, prefería aquel olor a que el de licor que llevaba. Luego tomé conciencia ¿Y si se me quedaba sin cabello? ¿Calva? Me asusté.

Tomé la bata blanca de baño, una toalla de cabello y salí de aquel lugar.

Caminé muy despacio, mirando de un lado a otro, parecía no haber nadie. Luego de buscar con la mirada a Madeleine, miré hacia delante y me percaté de un pequeño retrato sobre una de las tantas pequeñas mesas de aquella habitación. Seguí caminando en dirección a aquel retrato, llegué a él y lo tomé a una altura moderada para poder apreciarlo.

Eran 2 pequeños, una niña y un niño, ambos muy juntos uno del otro, tomados de las manos y sonriendo, de fondo tenían el mar y el cielo, infinitamente azul, mientras que sus pies se perdían en la blanca arena. El niño estaba vestido de blanco y la niña de rosado con un sombrero celeste, que poco más se perdía con el fondo. El cabello de él era castaño muy claro y de ella un poco oscuro. Kiro y Madeleine. Finalmente eran ellos, los rasgos que sus pequeños rostros expresaban en aquel retrato, lo gritaban.

Volví a colocar, muy despacio, aquella fotografía en su lugar. Di unos pasos en retroceso, aun sin quitar la mirada de aquellos 2 niños.

- Ya terminaste.

De un brinco di la vuelta y ahí estaba Madeleine, se dirigía a una puerta grande.

- Siéntate –me sugirió, pasando cerca a mí mientras señalaba un sillón, el que más cerca se hallaba.

Asentí con la cabeza y me senté.

Madeleine caminó hacia el otro lado de las puertas, luego de unos minutos regresó tirando de una especie de perchas, de donde colgaban muchos preciosos vestidos. Se detuvo a unos metros de mí. Ella miraba uno por uno, cada traje.

- Ah… ¿Por qué… hizo eso? –al fin pregunté, luego de pensar tanto en si preguntarle o no.

Madeleine soltó un suspiro y una sonrisa.

- Kiro… me habló de una chica muy interesante, supe que eras tú, cuando te vi.

Una chica muy interesante… ¿Una pobretona en un colegio de riquillos? De seguro a eso se refería de algo interesante.

- ¿En serio? –pregunté tratando de tener más información sin que se notase.
- Aun sigo sorprendida. –habló mientras tomaba unos vestidos y los ponía sobre su cama- Kiro… nunca me había hablado de alguna chica, ni mucho menos mostrado interés, inclusive a ti se ofreció a ayudarte.

Lo que dijo, me hizo sentir en un segundo, la mujer más feliz del planeta, el corazón se me acelero y sin preverlo, sonreí. Pero, luego me di cuenta que en realidad era ella la mujer más feliz del paneta, pues a Kiro solo le interesaba ella.

- Tal vez… Kiro esté interesado en ti. –terminó Madeleine contemplándome con una sonrisa.

- No, no… eso… no, no puede ser. –dije algo calmada, pero con la voz un poco temblorosa.

No podía aceptar sus palabras. Si las aceptaba sería una tonta ingenua. Así que traté de irme a la verdad del caso.

- Eso, no puede ser. A Kiro solo le importa una persona y…
- ¿Qué te parece este vestido? Antes de venir de USA, pasé por Francia y compré algunos vestidos, este es uno de los que me gustaron más.

Madeleine adivinó mi plan, sabía lo que le diría y cambio el tema en el acto.

Tenía entre sus manos un vestido realmente bello, era gris, muy largo y elegante. Pero… ese vestido le quedaría de hecho mejor a ella que a mí, pues ella es alta. ya me veía en ese vestido, me quedaría más largo de lo debido.

- Es muy lindo.

Soltó una amplia sonrisa, giró y en un pestañeo ya estaba de nuevo frente a mí, pero ahora con una caja en vez del vestido y dentro de ella, un par de zapatos plateados.

- Y… ¿Estos zapatos?
- Ah… Si son muy lindos también, pero... –no continué por seguir los actos de Madeleine, con la mirada.

Empezó a flexionar sus rodillas, puso aquella caja muy cerca a mis pies, apoyó sus codos sobre sus rodillas y su rostro sobre su mano derecha, mientras levemente apoyaba su peso sobre sus pantorrillas. Soltó otra sonrisa.

- En Paris… se dicen que zapatos como estos, te hacen sentir como si caminaras sobre el mar, hacia el sol del crepúsculo, que yace en el cielo índigo. Porque unos zapatos bellos te llevaran siempre a lugares bellos.

Mientras escuchaba cada una de sus palabras, inconscientemente me imaginaba aquel mar cuyo final ante los ojos humanos, era el sol que se perdía entre el cielo y el mar. Los ojos de Madeleine mientras hablaba se tornaban brillantes y cálidos.

Tomó entre sus manos uno de los zapatos.

- Son bellos ¿Cierto?
- Ah… Muy bellos –sonreí


Mientras tres personas –que Madeleine mando a llamar- me iban haciendo un ostentoso peinado, ella personalmente me ponía maquillaje en el rostro, cosa que me incomodaba, odiaba el maquillaje.
Cuando me echaba algo a la cara sentía como si tuviera una máscara que no me permitiera hacer mueca alguna.

Todo era tan extraño, más que extraño. Yo fui a aquella fiesta con el fin de ver a Madeleine, aunque sea de lejos, y termine siendo vestida, maquillada y protegida por ella. Ni en mis más extraños sueños pude imaginar cosa como la que estaba viviendo en aquel instante, y como olvidar a Kiro ahí, nuevamente sacándome de un aprieto.

Ya estaba lista.

Estaba nerviosa y no comprendía el porqué, o tal vez inconscientemente si lo comprendía, pero, no quería aceptarlo.
Me miraba en aquel gran espejo que ocupaba una gran parte de la pared de la alcoba de Madeleine. Me miraba y miraba, y no podía creer nuevamente que la persona reflejada ahí era yo.

Estaba más pálida que nunca, mis labios estaban muy rojos –que Madeleine casi no me puso color en ellos- y el oscuro del color que llevaba sobre mis párpados, hicieron que aquel reflejo me pareciese un vampiro, si… un vampiro.

Odiaba a los vampiros, o toda clase de mitos y leyendas referidas a ellos, estúpidos no-muertos que se alimentan a costa de la vida de otros, parásitos. Pero… no podía negar que en las películas que por casualidad veía –jamás voluntad propia- eran realmente hermosos. De esa manera me vi, hermosa, pero a la vez sentí algo de repugnancia a mí misma por dejarme llevar por cosas innecesariamente complementarias.

- ¿Lista? –me preguntó Madeleine dirigiéndose a mí desde atrás y mirando el reflejo de mis ojos.

Asentí solo una vez.

Me tomó de la mano y me hizo temblar por unos segundos, pues su piel parecía hecha de hielo.

Caminamos por los pasillos, cuyo suelo estaba forrado por una suave alfombra que me hacía sentir como si caminara en las nubes, y en menos segundos de los que esperaba ya estaba ahí.

Una de las blancas paredes –la del lado izquierdo- que formaba aquel largo pasillo, llegó a su fin y daba lugar a una especie de barandilla que se extendía a lo largo, formando un balconcillo. Entre aquel gran balconcillo, se hallaban las amplísimas escaleras que al unirse formaban una “Y” –se desprendían 2 caminos formados por escalones que a mitad, se unían y formaban uno solo- que llevaban al salón donde yacían los invitados.

Seguimos caminando tomadas de las manos, hasta que llegamos a los ojos de todos.

Sentí las miradas de absolutamente todos, sobre mí. Aquellos violines dejaron de sonar por una fracción de segundos y luego siguieron, tratando de aparentar como si no hubiese pasado nada. De forma inconsciente, apreté la mano de Madeleine.

- Calma, no seas egoísta, todos quieren verte.

Me volví hacia ella, sin creer ni una de sus palabras, y su rostro expresaba una bella sonrisa sincera y amable.
- Uhum –ululé, no sabía que decir.

Bajamos los escalones mientras, nerviosa, observaba a todos que estaban alrededor de la escalinata y de… ellos 5, sentados en unos sillones, que se hallaban relativamente cerca, al pie de una gran ventana y de las escaleras a la vez.

Ya estábamos más cerca de descender por completo, cuando Kiro se puso de pie y se acerco con lerdos pasos.

Kiro me miró y sonrió de la forma más bella, como siempre, pero en ese momento para mí, era más especial.

- Estás… realmente bella. –dijo aun con aquella sonrisa en su rostro y con esos ojos verdes perfectos, que pueden revivir muertos.
No lo pude aguantar, en mi rostro se dibujó la más amplia sonrisa que jamás di, estaba maravillada de escucharlo hablar y de verlo ahí tan cerca de nuevo, ahora elogiándome.

El tan bello momento se hizo puré gracias a… Striffy.

Se puso de pie. Striffy me dirigió una mirada fulminante, dio unos pasos al llegar casi frente a mí, se volvió levemente a su izquierda, para así ver de frente a Kiro. Exasperado se dirigió a él.

- ¿Ah? Kiro… -le habló con un tono muy severo- ¿Qué demonios te sucede? ¿Es que acaso te gusta? –dejo una pausa me miró con el rabillo del ojo, me hallaba relativamente cerca a su lado derecho- Ella ha recibido la tarjeta roja.
- Striffy… -intervino Madeleine bajando de la última grada en la que yo aun yacía petrificada- Grenda, es muy linda, no sería raro que le guste a Kiro. O… ¿Es que a ti también te agrada?

Sentí pánico tan solo escuchar aquella pregunta.

Striffy en el acto miró a Madeleine, con ojos casi coléricos.
- Madeleine… incluso siendo una amiga, no te permito que me hables así.

Empezó a dar unos pasos, en son de poder, de autoridad.

- Entonces… incluso siendo mi amigo, no te permito que le hables así a Madeleine. –interrumpió Kiro como era debido, dando unos pasos y posándose entre Striffy y Madeleine, obviamente más cerca de ella dando un bellísimo cuadro de protección.

Striffy, estaba más que enfurecido.

Claro, llegaría el momento en el que él niño más rico de Alemania, y hasta tal vez de Europa, no podría hacer lo que se viniese en gana, algún día tenía que llegar el momento en el que sus propios amigos le hagan ver cuán equivocado está.

Vi como la mano de Strify se tornaba en un apretado puño y su palidísima piel, tomaba color; su apretada mandíbula y su agitada respiración me decía que esto no terminaría bien. Striffy estaba a punto de colapsar.

Vi todo, absolutamente todo lo que pasó en segundos, como si el tiempo se diese el lujo de querer que yo vea todo con detalles.
Su puño empezó a elevarse poco a poco y flexionó la rodilla derecha, hasta dar un paso. Su puño tenía un camino ya trazado en la mente de Striffy, y como leyendo aquel movimiento, pues sabía que terminaría en Kiro, en el acto reaccioné.

- ¡No!

Luego de gritar de forma inconscientemente, desde ese momento… me arrepiento la vida entera.

Extendí los brazos, mi mano izquierda tomó el brazo derecho de Striffy y paré su acción. Había olvidado por completo que yo aun estaba una grada arriba de la escalinata; el vestido, los zapatos, todo se dio en mi contra. Mi mano derecha, la apoyé en su hombro izquierdo, pues perdí el equilibrio, al pisar aquel largo vestido.

Si, el debilucho riquillo, se tornó sorprendido y no reaccionó a tiempo. Todo mi peso lo expresé apoyándome en su hombro a través de mi mano, Strify retrocedió unos pasos, su hombro izquierdo se fue hacia atrás y mi mano resbaló fuera de él.

Por una milésima de segundo sentí que flotaba en el aire, pues no tenía en donde apoyarme y relativamente estaba cayendo, iba a caer, aterrizar en el suelo, hasta que sentí que mi mano izquierda estaba sujeta al brazo de Strify. No lo pude evitar… fue algo espontáneo y veloz. Jalé a Strify también, a mi caída, a mi… inolvidable y odiada caída.

Aterricé en el suelo, rostro arriba; Striffy… sobre mí.

Mis ojos estaban más que abiertos, él me miraba también, nuestras miradas nunca antes estuvieron tan cerca una de la otra.

Luego de una fracción de segundos, fui consciente de la escena.

Strify y yo, él y yo...

Nuestros labios estaban entrelazados. El corazón me dejo de latir, estaba petrificada en el suelo, con el sobre mí, con sus labios fríos y… por una extraña razón, dulces, sobre los míos.

Nuestras miradas eran las de unos niños asustados, brillosos e inmensamente abiertos.

Luego pude tener más razón y vi sin mirar a todos, que yacían absortos, alrededor de nosotros.

- ¿Magia? –era la voz divertida de Romeo rompiendo el silencio.
- ¡Uy! Pues esto no está del todo mal… –siguió Yu soltando una leve risilla.

Ni en las peores de mis pesadillas… pude imaginar tal cosa.

Y finalmente fue él, no Kiro, no otra persona, sino él… Strify, aquel tipo al cual aborrecía y el que sentía recíprocamente lo mismo por mí… ¡¿Cómo pudo ser?! El primer estúpido beso, con él, pero mi gran suerte no concluía ahí; fue delante de la persona a la que en realidad quería: Kiro.


- ¡¿SE BESARON?! –gritó Emilie
- ¡¡SHHH!! –ululé fuerte, con un dedo vertical sobre mis labios.

Al instante, luego de callarla, me cubrí el rostro con las manos por unos segundos, mientras pensaba en mi fuero interno, que mis jefes escucharían y que eso me resultaría embarazoso.

- ¡Eso es genial! –Emilie me tomó de los hombros.
- Estás loca –hablé con la mirada perdida- Realmente… loca –mi voz expresó terror.
- ¿Qué? –me soltó los hombros y mientras hablaba movía las manos de acuerdo a sus palabras- Tú eres la chalada. Si a ti te gusta. ¿Cuál es el problema?
- ¡Estás loca! –dije entre dientes aun con la mirada en el infinito.
- Espera… ¿A quién besaste, no fue a Kiro?
- Strify…

De la incredulidad, su rostro dio paso al asombro o hasta casi estupefacción.

- ¡¿AH?!
- Fue lo más horrible que puse pasar en toda la vida. –seguía con la mirada en el espacio.
- Pe-pe… Pero… ¡¿Por qué?! –abrió los ojos demasiado, típico de ella- ¿Por qué el peor de tus enemigos te besaría? ¡Es imposible!
Suspiré, abrí la boca para hablar.
- Por supuesto que es posible –Patrick me interrumpió.

Cerré la boca. Esa voz me tomó por sorpresa.

Patrick tomaba un pastel de uno de los aparadores que estaban más alejados de Emilie y yo.

- ¿Cómo así? –preguntó Emilie sin darse cuenta que lo aceptaba en la conversación.
- Muy fácil. ¿Qué mejor venganza que tu enemigo te robe tu primer beso y te deje traumada como lo estas ahora? ¡Ninguna! ¡Strify es un genio! –habló Bianca sonriente, mientras regresaba de atender a algunos clientes y se posaba frente a nosotras.

De nuevo… no había forma que aquellos imprudentes jefes no oyeran. Sarta de chismosos.

- No puede ser… –me dije a mi misma en voz audible, nuevamente con la mirada perdida.
- Tu primer beso robado por el hombre al que más odias y… delante del hombre al que amas. Wowww –Bianca termino con los ojos verdes pegados al cielorraso, mientras me robaba la mirada.
Patrick y Bianca soltaron sonoras carcajadas.
- Cállense –habló Emilie
- Oh… y ¿Disfrutaste tu primer beso? –se burló Patrick

Le dirigí una mirada inevitablemente triste y decepcionada, cosa que –creo- le hizo divertirse más, pues sabía que me sentía mal por un beso, era algo estúpido, lo sé, pero ser tan estúpido era lo que le divertía.

UN POCO DE CAFÉ

Caminaba de noche por las frías calles de Hesse, nada era diferente, el ruido de los autos, las luces de las tiendas, las personas que caminan apresuradamente, todo era lo mismo.

Cada paso mío, dejaba desgano y algo de tristeza combinada con sutil alegría. Mis dedos recorrían una y otra vez el pañuelo de Kiro, limpísimo y, lamentablemente, sin olor.

Mirando sin mirar aquel pañuelo, recordaba como apareció de la nada a mi lado. *Estas realmente bella* aquella palabras no se iban de mi mente.

Cruzaba las calles con fugaz cuidado, caminaba mirando sin mirar todo.

- ¿No sentiste celos cuando se besaron?

Pise tierra cuando escuché eso.

Levanté la mirada y quise que la tierra me tragara.

Había caminado tan ensimismada, pero a la vez con cuidado, que no me percaté en qué momento y ni por qué, había hallado a Kiro y Madeleine en plena calle.

Ellos estaban caminando despacio y si yo seguía caminando, me hubiese encontrado con la espalda de Madeleine, por suerte no me vieron.

Al instante busqué una salida y gracias a algo divino se hallaba a mi lado derecho un angosto pasaje poco iluminado, que daba salida hacia una calle paralela.

- ¿Eh?

Kiro paró en seco, poco más allá de la entrada de aquel pasaje donde me escondí, donde no podría verlos, pero si escucharlos.

- Vamos, se que ella te gusta. –se oyó la voz de Madeleine

Todo se concentro en un sepulcral silencio, ni un auto, ni otros transeúntes estuvieron cerca para romper ese instante.

- Sabes perfectamente lo que siento. –dijo Kiro con voz severa

El silencio salió a brote nuevamente, tanto que sentí miedo, sin ser yo una de las participantes de la conversación, tan solo una grosera oyente.

- Kiro…
- Te empeñas tanto en recordarme que busque a otra persona, que no te das cuenta que tus comentarios hieren.

- Yo… –titubeó Madeleine
- ¡No lo entiendo! –casi gritó.
Kiro empezó a caminar rápidamente en dirección opuesta a la que estaba yendo, Madeleine lo siguió casi corriendo.

- ¡Espera!

Kiro siguió caminando y ella prácticamente corriendo, mientras los vi por cortísimos segundos, ellos no se dieron cuenta de mi existencia y nuevamente se perdieron de mi vista.

- ¡Por eso es que regrese de USA!

Mi pecho albergo intriga mientras cruzaba el pasaje, aun así me asome a verlos; él se había detenido nuevamente y ella tras él. Ellos aun estaban ahí, me escondí nuevamente.

- Quería asegurarme que estés bien, que quieras a alguien, que ames a alguien. –Empezó Madeleine con la confesión– Ese fue mi único motivo de regresar a Alemania. Quiero vivir por mi misma… no quiero depender del apellido Heiden, quiero hacer mi carrera como chef profesional. Viviré en Los Ángeles como una persona común y corriente.
La voz de Kiro no se oyó más.

El corazón me dolía de la pena. Sabía perfectamente que nunca sabría como Kiro se sentía en aquel momento, pero sé que no era nada fácil sobrellevar el que la persona a la que ames se vaya lejos a cumplir sus sueños.


Ya estaba en casa, me sentía más segura y menos tensa.

Recorría mi cuarto, daba pasos cortos y monótonos, en círculos. Estaba ansiosa, no sabía el porqué. Me sentaba cerca a mi escritorio, hurgaba entre mis libros, me echaba en mi cama, me ponía de pie, miraba mis álbumes de fotos, miraba mi tocador, hasta que abrí mi armario y en la parte baja hallé los tennis de Kiro. Sentí algo de nostalgia, pero a la vez una mínima de felicidad.

Tomé los tennis, busqué una de las tantas bolsas de regalo que tengo en cajones de mi escritorio, hallé una celeste y los puse dentro.
En mi mente no salían las palabras de Madeleine y mucho menos las de Kiro, era como algo que me zumbaba en el oído, algo que se repetía una y otra vez.

Puse la bolsa sobre mi escritorio; apagué la luz de mi cuarto y di pasos hacia la ventana; corrí la floreada cortina y abrí una de sus puertas de vidrio. El cielo estaba oscurísimo y repleto de estrellas, la brisa era perfecta.

Despejé la mente en esos cortos segundos que permanecí quieta frente a la ventana.

Di media vuelta, adivinando cada parte de mi cuarto, llegué a mi cama y me recosté en ella.


Estaba ahí, esperándolo. No me importaba esperar una hora más, perder otra clase más, si ya lo había esperado tres horas, que daba una más.

Las escaleras de emergencia se sentían tan frías, tan silenciosas, tan vacías, y él no llegaba.

Me rendí. Apreté entre mis dedos el asa de aquella bolsa celeste, solté un suspiro y me encaminé a la salida.

Subía grada a grada pensando en donde podría estar. Mis pasos se empezaron a dibujar sobre los pasillos de la escuela.

Fue entonces de tanto caminar y dar vueltas dentro de aquel edificio, se me vino la idea de ir a su aula de clases, no tendría nada que perder, si no estaba, podía dejarlo sobre su escritorio y si estaba, no sabría cómo reaccionar.

Caminaba con pasos temblorosos hacia aquel salón, si estaba él ahí ¿Qué le iba a decir? ¿Solo le iba a entregar las zapatillas y me iría? Tenía que hablar con él respecto a Madeleine, moría por saber cómo se sentía.

Y ahí estaba… frente a aquella puerta de madera color oscuro y con una soberbia placa dorada que indicaba: “CBR”.

Di tres suaves tocadas a la puerta. Nadie abrió.

Volví a tocar, fue inútil.

Lo pensé mucho, miraba aquella dorada perilla y vacilaba. No aguanté más la angustia y muy despacio giré aquella perilla. Empujé suavemente la puerta, asomé la cabeza y de hecho no había nadie.

Entré en aquella aula, era del mismo tamaño en la que yo también recibía clases, pero esto era diferente, no solo por el hecho de que este aula fuera solo para cinco personas y en el que yo recibía clases, para 25, sino que los 5 escritorios eran inmensos, cada uno con una laptop y cada escritorio con una placa dorada que llevaba los nombres de aquellos miembros de los CBR. Sin leer la placa de aquel escritorio donde se hallaba la única laptop de color blanco, deduje que era el escritorio de Kiro.

Él no estaba ahí, así que solo tendría que dejar sus tennis a lado de su escritorio y lo encontraría.

Me puse tensa del susto. Dentro del aula se oyeron varios pasos.
Giré en un instante.

- ¿Ah? –preguntó Romeo
- ¿No es ella la enemiga –puso mucho énfasis en esa palabra e hizo comillas en el aire con los dedos–…de Striffy? –Se divertía Yu

Ellos salían de otra puerta que no era de donde ingresé, supuse que era el baño, pero al instante me quité esa idea de la cabeza. ¿Por qué estarían ambos en el baño? Así que deduje que era otro apartado.
Parpadeé despacio.

- ¿Qué haces aquí? ¿Cómo entraste? –Preguntó el de mechones rojos
- Eh… –titubeé
- Striffy no está aquí. –habló Romeo
- ¿Por qué tendría que buscar a alguien como él? –pregunté al instante, casi irritada– Tengo mejores cosas que hacer.

Ambos se miraron y rieron, cosa que no me quitó el mal sabor de su comentario.

- ¿Qué es eso?

Yu preguntó mientras me quitaba de las manos, la bolsa con los tennis de Kiro. Yo petrificada, no hice ninguna queja.

Ambos miraron dentro de aquella bolsa.

- Son los deportivos de Kiro. –habló Romeo sorprendido– ¿Cómo…
- Ah, por favor, se lo devuelven de mi parte –interrumpí, no quería entrar en detalles– Permiso.

Giré y di dos pasos hacia la salida.

- Momento –fue la voz de Yu.

Me quedé inmóvil ante su voz y giré sobre mis talones.

Lo miré y parpadeé tratando de decirle mentalmente: ¿Ahora qué?
- ¿No deseas un poco de café? –Yu me leyó el pensamiento
Terminó de hacer su pregunta y aquel pálido chico con muchos piercings en los labios, soltó una sonrisa.

Lo dudé, pero no me dejaron responder y Romeo ya estaba ahí.
Me tomó de la mano y tiró de mi cual muñeca de niña de 5 años. Su mano era tibia y demasiado suave para ser real. Me llevaban hacia la puerta de donde salieron.


- ¿Estabas descalza? –los ojos de Romeo, parecían los de Emilie.
- Uh-huh
- ¿Te dio sus tennis y se fue… cierto? –la voz de Yu expresaba terror
- Ah, claro.
- Ah… –ululó Romeo

Le di otro trago a mi amargo café y miraba aterrada aquel lugar. ¿Cómo era posible tener un salón de diversión anexado a tu aula de clases y ser más grande que el mismo? Ese lugar era demasiado extraño. Tenía una pequeña salilla, un bar, y en ese bar un barman muy quieto y silencioso que aparentaba no estar ahí; una mesa de billar, un plasma enorme con muchos aparatitos de muchos colores y con muchos cables, al pie. Ese lugar tenía de todo.

- ¿Ustedes cuatro se conocen desde hace mucho?
- Uhm… Si, desde el preescolar. –Respondió Romeo
- Ah… –asentí

Miré dentro de la taza donde se hallaba mi caliente café.

- Vamos, solo pregunta. –Habló Yu
- ¿Ah?
- Algo te intriga ¿Qué es? Te responderemos si tenemos la respuesta. –Giró y miro a Romeo– ¿Verdad?

Él asintió.

- Eh…

Lo pensé tanto en tan poco, no sabía si preguntarlo, o indirectamente hacer que me respondan lo que yo quería saber sin que fuera necesario preguntar. Seguía titubeando.

- …Uhm ¿Madeleine y Kiro se conocen desde hace poco?

Ambos me miraron atónitos. Giraron y se miraron, nuevamente rompieron en pequeñas risas.

- ¡¿Hace poco?! –preguntaron ambos a la vez.

_______________________________________
Espero les haya gustado, prometo que le proximo capi que ponga sera pronto, gracias chicas por leer!!!

Este capi, agradecimiento especial a Mafiih, que me insistió a que lo publique (: tbn a mi Duo y a Eli que me motivan a escribir Very Happy
gracias chicas Smile
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fatima_cb



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MensajeTema: Re: Los chicos también son como las rosas.   Lun Abr 26, 2010 5:14 pm

siguela esta super
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MensajeTema: Re: Los chicos también son como las rosas.   Lun Abr 26, 2010 10:38 pm

jojojojoojo
¡Qué rico es Kiro! Le dijo que estaba bella, hermosa *-*
Strify del mal, ¿Por qué la besaste? ¬¬ ¡TE ODIO! Noo, en verdad te amo, pero en el fic te odio Very Happy
Romeo y Yu son unos amores Smile Le invitaron café y todo, y a pesar que tenga tarjeta roja, le hablan Sad ¡Qué belleza! jojojo
Juro que me imaginé a Romeo y Yu riendo y diciendo: ¡¿Hace poco?! xDDDD

Síguela Hiroki, esta vez no te demores ¬¬ Smile
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Ceci StyLe
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MensajeTema: Re: Los chicos también son como las rosas.   Mar Abr 27, 2010 2:23 pm

Espectaculat, espere mucho para estos capituolos. Estuvieron adoreables Duo *w*. Sigue publicando quiero seguir leendo.

Por cierto debo confesar que Strify me da penita Crying or Very sad lo ponen como el malo el sin corazon... Yo lo defendere xD. Duo dejalo que sea bueno pues que haga su intento con Grenda hahaha

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MensajeTema: Re: Los chicos también son como las rosas.   Lun Mayo 10, 2010 7:55 pm

Chicas gracias por leer n.n
Duo!! he aqui una petición tuya, aqui comienza todo lo bueno (:
XD


COSAS EXTRAÑAS


Sus ojos seguían confusos ante mi pregunta. Luego de unos segundos Romeo rompió el silencio.

- Uhmm… Bueno, cuando Kiro tenía 5 años tuvo un accidente automovilístico… en aquel accidente, sus padres murieron. Dejándolo solo, fue entonces que cayó en un estado de autismo, ignorando a todo el mundo.
- Madeleine, fue la única persona que pudo sacar de ese estado a Kiro. Para nosotros ella es como una muy buena amiga, o hasta casi como una hermana. –dijo Yu
- Pero para Kiro… ella es su primer amor, su novia y su madre.

En ese instante, sentí que mi pecho albergaba miedo, y a la vez tristeza. Estaba totalmente claro que para Kiro no existía otra persona que no sea Madeleine, ella había hecho mucho por él, y cuando él más lo necesitaba. No había ni una mínima de esperanzas en que él se fijara en otra persona, cosa que me derritió el corazón.

- ¿Ah? –Romeo me analizaba el rostro– Yo pensé que el que te gustaba era Striffy.
- ¡¿Ah?! –sentí que el rostro me quemó en un segundo.
- Uy… Te has ruborizado –Yu soltó una carcajada
- ¿Eh? –perdí los ojos

Ambos se miraron y rieron nuevamente.

- Vamos, no nos vas a preguntar nada respecto a él. –Habló Romeo divertido

Mis ojos merodearon preocupados y sin rumbo por la mesa de cristal, donde yacían galletas y demás.

- ¿Por qué tendría que hacerlo?
- ¿No quieres saber si le gusto el beso? –Habló Yu tratando a más no poder, reprimir una risa.

De la pena el corazón me dejo de latir unos segundos, quería que la tierra se abriera y me tragara en ese instante.

- Vale, de acuerdo, no hablaremos de eso si no quieres. –Dijo Romeo muy calmado, dejando su tasa con café, sobre la mesa.

Lo amé en ese instante.

- Sigo sin poder creerlo.

Yu le dio un ligerísimo sorbo a su café y lo puso sobre la mesa, acto seguido, tomó un par de galletas y se llevo una por una a la boca.
¿Cómo podía comer con todos esos fierros en la boca?

- Si, tampoco lo creo, pero gracias a ella, estos días, la escuela es más divertida que en todos los años de mi vida que he estudiado aquí, o sea desde el preescolar. –Dijo Romeo

Ambos se partieron de la risa.
Yu, ya sin nada en la boca.

- Estoy de acuerdo –Habló

Yo tan quieta y callada como estaba, solo atinaba a mirarlos, muy apenada. En mi mente pensaba: Genial, se divierten a costa mía.

- Ah… Pero… Ella aun tiene la tarjeta roja –Romeo sonó preocupado o sorprendido.
- ¿Eh? ¡Eso es cierto! y su amiguita del helado también.

Me quedé absorta ante las palabras de Yu. ¡Juliet!
Luego se unos segundos sentí que me faltó el aire.

- Tienes razón. La última vez que vi a su amiguita fue ese día en la cafetería, cuando apareció Kiro a ayudarla. –Yu movió la cabeza para señalarme.
¿Dónde estaba Juliet? Lo había olvidado por completo. ¿Cómo pudo ser? Olvidarme de la única amiga que tengo en esa escuela, es algo imperdonable.

- Si, ella también era nueva, debió de haberse asustado. –dijo Romeo
- Por tu expresión, veo que no sabes nada de tu amiga. –me incluyó Yu en la conversación, de la que ya prácticamente estaba fuera.
- Ah… –Titubeé– Muchas gracias por el café.

Dejé ese salón a paso rápido, casi corriendo.


Corría y corría, mi respiración era acelerada, cada latido lo sentía en las sienes. En mi puño derecho, yacía arrugado un pequeño papel, donde estaba escrita la dirección de Juliet, sacada de la dirección de informes, tuve que rogar para que me lo den.

Esa era la calle, me detuve en seco. Abrí mi puño y con la ayude de mi mano izquierda abrí el papel y lo hice algo legible.
Camine por aquella calle como perdida, miraba el papel una y otra vez. Luego me di cuenta de cuan idiota puedo ser. En esa calle había solo 2 mansiones. Era la de la derecha, estaba segura.

Esperé aproximadamente 5 minutos, en la inmensa sala de espera. Parecía un palacio real, pero ya no me sorprendía tanto, había visto tantas cosas deslumbrantes al entrar a esa escuela que ya todo me era casi igual.

- Sígame por favor –me dijo aquel hombre vestido de negro que regresaba de no sé dónde.

Sólo asentí con la cabeza y seguí los pasos de aquel señor.
Llegamos a una inmensa puerta, cual señor vestido de negro giró la perilla de la parte derecha de aquella y la abrió.

- Por favor –dijo extendiendo el brazo hacia dentro de aquel lugar.

Caminé muy despacio mirando todo y viendo donde era el lugar en el que me hallaba y visualicé que era la habitación de Juliet.
Su inmensa cama lo delataba, ella yacía ahí.

- Hola –dije tímidamente, muy apenada.
- Hola –habló ella ligeramente sonriente.
- ¿Estás enferma? –pregunté mientras me encaminaba hacia ella.
- Uhm, no, pero no me he sentido muy bien.
- ¿Qué ha pasado?
- Siéntate por favor.

Me dijo señalando un sillón, el que se hallaba más cerca a su cama y a ella. Acomodó su cobertor y se cubrió más con el, como evitando el frio que sentía.
Le hice caso, me senté. Luego la miré como esperando a que me diera una respuesta a la pregunta que le había formulado.
Se dio cuenta.

- Ah, solo no me siento bien.
- Uhm… –su respuesta no tenía argumento– Regresarás a la escuela ¿Verdad?

Sus ojos merodearon por su alcoba. Su rostro era muy frío, muy duro e inexpresivo, como nunca, pues ella siempre, desde que la conocí, andaba sonriente y me transmitía esa felicidad.

- No quiero volver a la escuela.

Sentí que la culpa fue mía, ya había sacado la conclusión que, el que Striffy le haya puesto la tarjeta roja a ella, fue por que Juliet fue la única persona en esa escuela, que estuvo conmigo aun después de que yo tuviera la susodicha tarjeta.

- Lo siento. –dije por estímulo
- No tienes por qué disculparte Grenda, tú me defendiste, yo no podía dejarte sola, la culpa de todo fue mía. Si yo no me hubiese caído aquel día…
- La culpa de todo la tiene Striffy –la detuve- y es que su cerebro es tan pobre, que solo se le ocurre molestar a otros.
Ambas sonreímos.
- Hablando de él… –la miré con interés, no supe en ese instante el por qué– ¿Es cierto que Striffy te beso, en aquella fiesta?

Me quede petrificada ante su pregunta. Era obvio que ya se había enterado, pero ¿Por qué me sentía tan apenada en ese instante? El rostro me quemaba de la vergüenza.

- ¿Me beso? Eso fue un accidente. –arrugué la frente
- ¿O sea que fue cierto?
- ¿Qué? No –no sabía que decir

Juliet bajo la mirada.

- Quiero dormir.

Se deslizó por su cama, se hecho correctamente y se cubrió toda ella solo mostrando el rostro.

- Juliet, ya nadie en la escuela te molestará. Si te sientes sola, o mal, yo estaré ahí, puedes llamarme cuando me necesites.
Soltó una leve sonrisa.
- Cuídate –me despedí

Giré y me encaminé a la salida.


Se me había hecho tarde, ya me había saltado casi todas las clases, solo faltaba una y no había almorzado.
Corría de regreso a la escuela, todo el mundo me miraba, pues yo una estudiante del Valentine’s –mi uniforme me delataba- estaba saltándose las clases.

Estaba a punto de cruzar una la pista, ya que el semáforo me le permitía, pero, me detuve en seco.
Un auto negro se estaciono frente a mí obstruyéndome el paso para seguir corriendo. La ventana polarizada de la puesta trasera se bajo mostrándome al dueño de aquel imprudente auto. Al ver el rostro de aquella persona, sentí que la sangre huyó de mi rostro.



CAMBIOS

Recuperé el aliento.

- Demonios, lo que me faltaba. –se me escapó el pensamiento por los labios.

Striffy giró y me miró a través de aquella ventana.

- ¡¿Ah?! ¿Tú? ¡Qué coincidencia! –dijo supuestamente sorprendido.
- ¿Sabías que está prohibido aparcar el coche en espacios peatonales? –le pregunté en un tono déspota.

Strify abrió la puerta y bajo de su coche.

- He oído que te estás saltando las clases –ignoró mi pregunta– ¿Por qué?
- ¡Eso a ti no te interesa! –dije irritada, su presencia me ponía mal.
- ¿Ah? –preguntó ofendido
- ¿Por qué me estas dirigiendo la palabra? –pregunté aun irritada y a la vez confusa.
- Eso a ti no te interesa –me imitó, reprimiendo una sonrisa.

Lo fulminé con la mirada.

- Esa cola de caballo no te queda –habló refiriéndose a mi peinado.
- Para lo que me importa. –hablé desafiante
- Aun no has respondido a mi pregunta ¿Por qué te estás saltando clases?
- Ya te respondí, eso a ti no te concierne. Además, tú en estos momentos también te estás saltando clases. –hablé aun con tono fastidiado
- Yo estoy yendo a clases justo ahora –dijo cual niño bueno que quiere remedir su acción, a la vez, alzando el mentón cual persona arrogante.
- ¿Así? Entonces regreso de donde vengo. –di media vuelta
- ¡Hey, espera!

Me detuve, pero no lo miraba, pues yacía hacia mi espalda.

- El día de la fiesta…

Me quedé fría escuchando sus palabras. Si me sentía tan apenada de hablar el tema con mis amigas, como lo eran Juliet y Emilie, en ese instante quería que venga una nave extraterrestre y me llevara. Hablar de ese temita con Strify, era la última cosa que quería hacer en ese mundo.

Me quedé muy quieta a que terminara de hablar.
Strify dejo una pausa y tomó aire.

- Ese día… Ese día que me besaste a la fuerza –Quise matarlo al escuchar eso– estabas buscando ese beso ¿No? –habló con el tono más egocéntrico que pude haber escuchado en la vida.

De lo apenada que estaba, en un segundo me sentí irritaba. Me giré en ese instante.

- ¡¿QUÉ?! –grité– ¿Acaso has perdido el juicio? ¡Pedazo de idiota!

Dio unos pasos hasta llegar a mí y me tomó de la mano derecha.

- Vamos.
- ¿Ah?
- Yo te llevo a la escuela, así que vamos.

Empezó a tirar de mí como si fuera una muñeca inservible. ¿Acaso eso era de amigos? Recordé que Romeo hizo lo mismo conmigo, pero Romeo fue más gentil y a diferencia que no me molestaba su presencia.

- Es… ¡Espera!

Seguía tirando de mí, mientras yo me oponía física y verbalmente.

- ¡Suéltame! –grité y me zafé de su mano– ¡Irritante! – le grité de nuevo

Giré en ese instante y empecé a correr, lo más rápido que pude.

- ¡Detente! –gritó, como si le fuera a hacer caso.

Seguí corriendo mientras la mi respiración era acelerada, luego de unos segundos, giré sin dejar de correr, para asegurarme que ya estaba lejos de él y poder tomar un autobús o algo para llegar a la escuela. Mi sorpresa fue inmensa al darme cuenta que Strify corría tras de mí, lo hacía realmente rápido, para ser un debilucho cómo aparentaba él.

- ¡Espera! –gritó nuevamente, lo que me incentivó a correr más rápido, pues él estaba casi cerca a mí.
Volví la mirada al frente. Me paré en seco al verla.

Era una mujer de alta, de cabello castaño clarísimo y ondeado, una mujer muy hermosa, cual amplio sombrero y cuyos lentes no la dejaban mostrarse toda ella.

Agitada como estaba, solo atinada a tomar grandes bocanadas de aire y a mirarla.
Ella dio pasos dirigiéndose tras de mí. Giré en ese momento.

Strify estaba tras de mí agitadísimo, como si hubiese corrido todo un día.

- ¡Engreído! –le gritó aquella mujer, mientras todo su puño lo estampo en el rostro de Strify.
En eso momento sentí que el corazón me dejo de latir y me quede absorta ante aquel acto que pensé que solo yo me atreví a cometer.


_______________________
Espero les haya gustado (:
Gracias por leer *-*
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MensajeTema: Re: Los chicos también son como las rosas.   Lun Mayo 10, 2010 8:28 pm

¡MALDITAAAAAAAA! ¿CÓMO SE TE OCURRE DEJARLA ALLÍ? ¬¬
ME HAS DEJADO CON GANAS DE SABER QUIÉN ERA LA TIPA Y POR QUÉ HIZO ESOOOO xDDDDDD
Strify, nada egocéntrico, eh... Él la besó y ve lo que le dice a Grenda; hahahaha, Strify da risa xDD
Oe, Juliet me da pena, pobrecita u.u Quiero que vuelva al cole Smile
Y también quiero saber qué demonios pasará entre Kiro y Grendaaaa <3
Sé que él la ama, la adora y muere por ella xDDD Y creo que ya todos sabemos que Grenda muere por él, así que... ¿¡CUÁNDO LOS UNES!? e.e Smile

Espero que esta vez no te demores tanto en posteeeear, no seas como yo que me da flojeritis subir cap xDDDDDD
Síguelaaa, eh :3
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MensajeTema: Re: Los chicos también son como las rosas.   Vie Mayo 14, 2010 10:37 am

siguelo esta super
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MensajeTema: Re: Los chicos también son como las rosas.   Lun Jun 21, 2010 7:39 pm

Good!, que fuerte. Pobrecito Strify.... Estoy casi segura que la mujercilla esa es la malvada de su madre ¬_¬, y por ello mismo Strify es como es, por la falta de cariño y comprension de ella.

Voy a golpear a Grenda que no me desprecie a Strify xq la cuelgo jajaja.
Duo que emocion Strify ahora sera visto por Grenda como el chico sufrido que oculta su miedo por la mala madre que tiene.

Siguele duoooooo Very Happy

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MensajeTema: Re: Los chicos también son como las rosas.   Miér Ene 26, 2011 7:10 pm

lo leí hace tiempo pero recién comento ¬¬
Hiroki tienes que continuarla please!!!!!!
tu fic está bravazo!!!!
A raiz de esta escenita puede que Grenda
cambie su manera de pensar sobre él awwwwww!!! ♥-♥
ayyyy nooo ya quiero saber qué va a pasar pueeees
cuelga cap prontoooo =D!!
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MensajeTema: Re: Los chicos también son como las rosas.   Hoy a las 2:56 am

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Los chicos también son como las rosas.
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